Mi madre y sus formas

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Mi madre es un ser especial (claro eufemismo de un insulto aún por determinar), incapaz de cerrar el pico ni aunque su vida dependiera de ello. Siempre tiene la última palabra, siempre tiene que quedar por encima, y por supuesto, siempre tiene que tener la razón. Manifiesta un odio desmedido por todo aquello que no es de su agrado regodeándose en su autoconvencimiento de ser superior. ¿Qué me ha hecho escribir esto? Una tontería realmente, pero ya son 22 largos años y con una simple frase manifiesta al detalle su personalidad.

Mi madre no fuma, ni lo ha probado jamás (y conociéndola, me lo creo) y como ella no fuma, los fumadores son hijos directos de mismísimo Belcebú. No es sólo que nos odie, al fin y al cabo es un vicio que no sólo te afecta a ti, si no que sufre de manía persecutoria y cree que todos los fumadores fuman en su presencia para molestarla, no porque sean adictos a una sustancia, no; sólo para molestarla, a ella, por supuesto, no al mundo en general. Básicamente mi madre se cree el eje del universo y no hay más que hablar.

Cuanto tenemos comida familiar es un chasco del que te habías olvidado hasta que amablemente (es decir, tono amenazante) te recuerda "¿el local será para no fumadores, no?..." Y atención al detalle, no es "tendrá zona de no fumadores" si no, "será, enterito, de no fumadores". No porque con tener una zona no fuese suficiente, que lo es (siempre y cuando sea realmente una zona diferenciada claro), si no para recalcar el asco que le dan. Luego aparte, tiene que estar cerca de casa, porque solemos ir entre semana y al día siguiente hay que madrugar; con lo cual la cosa se torna en complicada de cojones.

Y al finall tenemos, zona de no fumadores, cerca de casa y que nos guste a los cuatro... Ahora ya se torna en imposible. Mi hermano siempre quiere Foster Hollywood , Vips y similares, que a mi no me desagradan, pero ya que pagan mis padres que no sea un sitio que puedo pagar yo... Mi padre suele querer sitios estrambóticos que ha visto paseando, que luego resultan estar cerrados, o petados hasta los topes, o que son bares realmente... Y yo pues bueno, que tengan variedad de carta suficiente para no tener que acabar pidiéndome siempre solomillo, pero en general no pongo pegas.

Total, que al final siempre acabamos en un italiano o en un "español" (entiéndase esto como restaurante ya sea vasco, ya sea asturiano, o ya sea un popurri castelllano en general). Hoy a un italiano, y ya que es mi madre la de la insistencia del local de no fumadores, le he obligado a llamar a ella... Que no sé como pero en esta casa siempre acabo llamando yo, a mi padre y a mi hermano les da verguenza, y a mi madre no le gusta, ¡coño, ni a mi! En fin, pues no va la tía, y como frase inicial suelta la perla "Oiga, ¿su local tiene zona de no fumadores? (y sin dar tiempo para contestar) es para no ir si no la tienen". Por suerte, tenían zona, pero es que la muy cazurra por poco se olvida de reservar (que yo personalmente estoy hasta las narices de tener que andar buscando otro sitio porque nunca jamás se acuerdan de hacerlo) y se lo he tenido que gritar desde la otra punta de la casa... Ella ya estaba más feliz que un regaliz gracias a su ingeniosa frase y se le olvidaba lo más importante...

En fin, señoras y señores, mi madre.
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Por fin empecé las clases de Bellas Artes en la facultad de Madrid. Pedí el traslado y tuve suerte, pero como están con cambios en la parte informática de los tramites de secretaría (matrículas por tanto) hubo un poco de retraso y tuve que matricularme una semana más tarde de lo que en principio ponía el calendario. He perdido dos semanas de clase cuando en principio iban a ser solo 3 o 4 días cómo mucho. Así que si ya es un poco caótico adaptarse a un sitio nuevo, si encima te pierdes las presentaciones de las asignaturas ya ni te cuento.

Después de comer me he puesto a buscar información sobre el trabajo que me han puesto en la asignatura de dibujo, para entregar dentro de mes y medio. Leo las directrices, mmm... Parece jodido, doce dibujos de buen tamaño (50 x 35), y uno de 140x100. Mmm, cuanto más grande más detalle. Mierda. ¿De qué lo hago? Esta semana hemos hecho dibujo con modelo y al menos la mitad de la clase no es que tuviera un nivel superior al mío, es que me daba mil vueltas. Necesito ideas, no encuentro nada escaneado de la bibliografía en internet, tendré que esperarme al lunes y darme una vuelta por la biblioteca. En el trabajo tenemos que adjuntar una memoria de dos hojas. ¿Una memoria explicando qué? Me pides equis dibujos sobre un tema y yo te los hago, qué narices hay que explicar... ¿Por qué escojo o dejo de escoger determinadas imágenes o qué? Nunca he entendido la necesidad de explicar con palabras tus motivaciones o el significado de tus creaciones artísticas. ¿Por qué hice tal cosa? Porque me gusta, punto. No hay ningún análisis más allá. El arte es estética, por mucho que quieran darle mayor significado; y por tanto, voluble y cambiante sin razones valorables más allá de la subjetividad.

Inciso. El corrector ortográfico me señala la palabra "valorables", no existe dice. Consulto el diccionario de la RAE. Cierto, valorable no existe. Pienso en busca de un sinónimo, pero descarto la idea, no se me ocurre ninguno que exprese lo que quiero decir. El diccionario de uso corriente contiene muchísimas palabras que no recoge la Real Academia, y no me refiero a "cocreta". Es deprimente que hayan incluido "cocreta" y haya ciertas derivaciones que se usan pero por lo visto no son correctas. Surrealista.

Volviendo al tema que nos ocupa, no sé si es que en tercero meten más caña o que en Aranjuez te lo daban todo más masticadito. Me decanto más bien por la segunda opción, pero nunca se sabe. Para el trabajo también tenemos que escoger la galería en la que lo expondríamos, justificando nuestras razones. Empezando porque nadie en su sano juicio debería exponer nada de lo que hago, sinceramente, es que no tengo intención de que tal cosa ocurra. He mirado el catálogo permanente de algunas galerías de Madrid, todas rezuman arte contemporáneo por las paredes. Alguna cosa se salva de la quema, la mayoría mierda. A mi entender claro está, ya se sabe que esto del arte tiene que ser subjetivo. Si no, qué interés tendría. Tendré que escoger un poco al tuntún, e inventarme alguna sandez que parezca creíble.


En fin, ya veremos que sale. Si hago algo decente lo fotografiaré y subiré aquí mismo.

Posponiendo lo inevitable

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Es decir, dejar de fumar. Llevo desde que subió el tabaco pensando en ello. Y no por el hecho en sí de que me cueste más cada cigarrillo, si no porque prácticamente tuve un ataque de pánico cuando me di cuenta de la noticia mientras sacaba un paquete de la máquina. Unos días más tarde caí en la cuenta de lo patético de todo aquello. Mi vida se centraba en esos cilindros inflamables que me costaban una barbaridad y encima no hacían nada más que joderme el organismo poco a poco. Acabo de cumplir 22 años hace poco y llevo fumando desde los 17, es decir, cinco años (otra cosa de la que no me había dado cuenta hasta que decidí dejarlo, lo rápido que pasa el tiempo) y ya noto los achaques que me provoca. Me levanto por las mañanas con tos de camionero y lo primero que hago no es encenderme un cigarrillo, pero no porque no piense en ello, si no porque las flemas acumuladas durante la noche serían una barrera infranqueable para el humo. Por ello primero voy al baño, luego desayuno, y después, cuando mi garganta se ha relajado un poco, fumo. Si te paras a pensar en las motivaciones para llevar a cabo este ritual absurdo es fácil echarse a llorar. De hecho, yo lo he hecho un par de veces desde que pensé en dejarlo. Un compañero de clase había dejado de fumar con un libro muy conocido de autoayuda (Es fácil dejar de fumar si sabes cómo) y dos días más tarde después de la última subida de precio, decidí leérmelo. En la librería estaba agotado, pero gracias a San Google bendito, lo encontré para descargar en pdf. Me lo leí enterito en una noche, esperando mágicamente dejar de fumar. Aquello no ocurrió claro esta, porque la ansiedad me impedía entender mis razones para dejarlo. Repito que el precio no es el motivo real, aunque si un incentivo muy fuerte, en mi deseo de dejarlo. Realmente es una necesidad, porque he llegado a un punto en el que he dejado que controle mi vida, en el que he pasado a ser un cigarrillo andante, una persona que es incapaz de hacer frente a cualquier situación sin un cigarro en la mano.

Desde hace más o menos semana y media llevo dándole vueltas al tema con mayor intensidad. Seguramente se deba a que terminé los exámenes (por cierto aprobé también la otra, sobresaliente) y no tenga nada mejor que hacer hasta que empiecen las clases. También he notado que cada vez me saben peor, y que pienso menos en ellos. Antes, después de equis situaciones "necesitaba" encender un cigarrillo a toda costa, últimamente se me olvida y me doy cuenta después... "Anda, no he necesitado fumar después de comer porque me he quedado embobada en el sofá viendo la tele" o "Anda, han tardado una eternidad en servirme la comida pero no me he impacientado encendiendo un cigarrillo". Esto es fruto de que el libro ha hecho mella en mí en cierto modo, pero en el aspecto más importante, es decir, el de tomar la decisión de dejarlo definitivamente, no.

Ocurre lo siguiente, el libro te da unas pautas que hay que seguir a rajatabla, y te advierte de que de no seguirlas probablemente no conseguirás dejarlo. Hay un punto en el que te pregunta si tienes dudas, y en tal caso te recomienda volver a leer el libro. Esta es la cuarta vez que me lo leo, siempre que llego a ese punto, respondo de la misma manera: Sí, tengo dudas. Tengo dudas de no ser lo suficientemente fuerte y caer de nuevo, ya sea dentro de 3 días o dentro de 3 años, pero tengo muchísimo miedo a ser una persona en constante estado de tensión por la posible recaída. Cada fumador es un mundo, y en mi caso suelo fumar en momentos de aburrimiento o relajación (mientras espero ya sea el autobús o a que me sirvan en un restaurante y en momentos de charla, ya sea telefónica o directa) más que cuando estoy estresada (que también fumo, pero considerablemente menos). Por ese motivo, me estresa mucho pensar en dejarlo pensando en que me volveré loca la próxima vez que un autobús se retrase 20 minutos o tomando algo con los amigos cuando las tapas y la bebida se acaben.

Ante esas expectativas el libro te dice que no pierdes nada por intentarlo, lo cual es cierto al noventa y nueve por ciento, excepto por la autoestima que pierdes al fracasar (si esto ocurre claro). Soy una persona muy orgullosa en ese sentido, me fastidia enormemente no ser capaz de conseguir algo que me he propuesto. Por eso suelo ser bastante cobarde en cuanto a mis aspiraciones, y poner el listón bastante bajo. Aunque últimamente he conseguido poner el listón alto y no fracasar, sigo estando insegura en cuanto a mis capacidades. Supongo que es una etapa necesaria para poder estar seguro, tener dudas y solventarlas. Y tener esa confianza ciega en el éxito es por lo que asegura el autor que es fácil dejarlo. También es que soy una persona incapaz de creer algo al 100%, siempre habrá algo que no sabes, algo que no habrás previsto, algo que no es como creías... No somos omnipotentes, por tanto la seguridad absoluta es algo imposible.

Aún con todo, creo que ha llegado el momento. Me quedan unas páginas para terminar de leer (por cuarta vez eso sí) todos los consejos del libro, y creo que tengo buenas posibilidades de lograrlo. A no ser que haya una hecatombe, o que sea más estúpida de lo que creía, pretendo no volver a fumar. He decidido escribir este texto para poder releerlo en un momento de debilidad, o para recordar orgullosa dentro de un tiempo que lo he conseguido, o simplemente porque quizás el último paso que me quedaba era plasmar mis temores y que no quedasen relegados a retazos en mi mente. En el fondo el libro es un lavado de cerebro en el otro sentido, puede que por eso siga teniendo tantas dudas acerca de la veracidad de sus afirmaciones; pero si resulta efectivo, bienvenido sea el lavado.

En resumidas cuentas, nunca debí empezar a fumar, así que para remediarlo habrá que echarle ovarios y dejarlo, y no permitir que el miedo o el aburrimiento me hagan olvidar que fumar no me aporta nada más que sufrimiento, y que contra el tedio mejor leer un libro que destrozar mi salud.

Vamos a ello.

Edito: Ya está, me he fumado mi último cigarrillo. De modo consciente, centrándome en las sensaciones de cada calada, tal y como dice el libro. Se me ha hecho eterno, y todas y cada una de ellas han sido repugnantes.

Felicidad, con Kinder Sorpresa...

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He aprobado la asignatura de Dibujo Técnico, y con nota y todo. Soy más feliz que un regaliz. Además, es que encima me lo merezco, al final lo entendí. No ha sido un simple copia y pega de las láminas fotocopiadas de los compañeros. Mi padre me lo explicó y fui capaz de entenderlo (cosa extraordinaria porque además de que es difícil dar clase a los propios hijos, es que mi padre se va por las ramas y es difícil resolver dudas concretas con él como profesor). Pero el caso es que después del estrés de tener que rehacer prácticamente todas las láminas con la mitad de tiempo, al final lo entendí, e incluso me sobró tiempo para ayudar a una compañera que también se examinaba en septiembre. Además, que en 36 horas hicimos entre las dos todas sus láminas xD y lo bueno además es que mi padre no se había fijado en que tenía mal una de las láminas que en teoría estaban bien, y gracias a ayudar a esta chica me di cuenta del fallo. No se nota que estoy orgullosa de haber entendido dibujo técnico ni náh xD.

Nunca me ha gustado el dibujo técnico, de pequeña odiaba que lo juntasen todo en esa asignatura que llamaban "plástica", en plan batiburrillo, y el trimestre en que dábamos artístico yo sacaba un sobresaliente como una catedral, en cambio en el que dábamos técnico aprobaba raspada o suspendía y tenía que recuperar y pasarme las navidades de la mano de la escuadra y el cartabón. En cuanto pude quitarme la asignatura me la quité, y escuchaba a los compañeros de otras clases hablar de diédrico, cónico, axonométrico y demás polladas en vinagre y me alegraba enormemente de no tener que saber nada acerca del tema. Quién me iba a decir que acabaría estudiando Bellas Artes y que desearía haber cogido dibujo en Bachillerato para no ir en pañales a la carrera. Pero al final me la he sacado, los dos años obligatorios, y ya no hay más, se acabó. En teoría no volveré a coger una escuadra en lo que me resta de vida. Y menos mal, porque no sabía hacer ni paralelas xD, lo saqué por lógica, pero por lo visto la manera que yo utilizo no es muy funcional porque no puedes arrastrar el cartabón, pero bueno, tengo un notable y soy más feliz que un regaliz.

Mala organización

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¿Qué es lo peor que puede ocurrirte cuando tienes que entregar algo y tienes el tiempo justo para hacerlo? Que alguien, en el último momento te diga que tienes algo mal y se te lleven los demonios por tener que repetir el trabajo y haber tirado tanto tiempo a la basura.

Eso es precisamente lo que me ha pasado esta tarde. Tengo una asignatura pendiente de la carrera para setiembre; que llamaremos Dibujo Técnico (aunque tiene un nombre mucho más rimbombante, ya sabéis cómo se las gastan los que ponen título a las asignaturas universitarias), y aunque el año pasado la aprobé sin problemas (estudio Bellas Artes y el nivel en 1º era muy básico, todo en diédrico y principalmente ejercicios artísticos) este año en clase no entendí nada, y la dejé por imposible. Incluso me cambié de profesor, pero nada, imposible entender la perspectiva cónica con una pizarra del tamaño de las del colegio, en un aula como 5 veces más larga (lo que me recuerda que debo volver a graduarme la vista, que es posible que esta vez si que me manden gafas).

El caso, me la dejé para septiembre, y entre unas cosas y otras (el trabajo, el calor veraniego, y que confié en que sería fácil copiar las láminas fotocopiadas de los compañeros) empecé el sábado pasado a hacer los 18 ejercicios que tengo que entregar el jueves que viene. Estuve toda la mañana mirando las fotocopias, investigando en internet e intenté ponerme a hacer la primera. Fracaso total. Supliqué por messenger a una amiga que estudia Arquitectura que me echase una mano. Vino un ratito a mi casa y pensé que había comprendido lo suficiente para empezar al menos a hacer las primeras láminas (las más fáciles lógicamente). Fracaso total. Seguí investigando por internet, encontré un archivo pdf que es una joya, con bastantes explicaciones y conseguí hacer un par de láminas más. Volví a llegar a un ejercicio que no sabía resolver, llamé a mi padre (arquitecto de profesión) por teléfono (está de vacaciones) y fue imposible entender lo que decía vía telefónica. Me dijo que me esperase al jueves, que volvía a Madrid, y que fuese intentando hacerlos por mi cuenta. Sigo investigando por internet, y después de muchas hojas en sucio creo haber entendido todos los ejercicios. Los termino y se los enseño esta tarde. No hace falta que lo diga, pero... Fracaso total.

Algunos están bien de pura chiripa, otros están mal y no se pueden arreglar, hay que rehacerlos por completo. Y es entonces cuando te maldices por no haber empezado antes, con más calma, en vez de escasamente 2 semanas antes de la entrega. Y bueno, por suerte no hay examen, es sólo entregar las malditas láminas; porque si tuviese que hacerlo, entre lo que creía saber y lo que ahora creo saber, haría un ejercicio de los que hacen época, juntanto líneas sin sentido.

Por cierto, esta noche he tenido pesadillas con láminas de dibujo técnico. Lo juro, de noche mi mente dibuja cubos que fugan a 30º a la izquierda del plano de cuadro.

Fiebre veraniega

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Y no me refiero a que tenga ganas de irme a la playa (que no las tengo, los que me conocen saben de mi aversión al agua y lo que es peor, a la arena que se mete por todas partes), sino que llevo todo el día con una ligera subida de temperatura corporal, y no provocada por pensar o practicar sexo. No, después de 5 días de entrar a las once y media a currar y salir a las diez de la noche mi cuerpo ha decidido que la mejor manera de pasar un sábado libre tras tan agotadora rutina semanal era ponerse enfermo. Ligeramente eso sí, por suerte no he estado sudando la gota gorda tumbada en la cama, pero ha sido lo justo para echar el día a perder, un poco de fiebre y dolor de cabeza y garganta. Pensaba hacer mil cosas, poner lavadoras, fregar platos que se acumulan en la pila, imprimir algunas cosas de los exámenes que se avecinan en septiembre y quedar con algún humano a fin de relacionarme con alguien más que con mi gata. El viernes llegué tan cansada después de tan brutal semana que cené (un sabroso sandwich de queso brie fundido con rodajitas de espetec y aderezado con orégano, pura delicia) y me acosté pensando que al día siguiente tendría horas y horas por delante de cualquier cosa productiva menos currar. He dormido 10 horas y me he pasado la mañana leyendo blogs lo que me ha provocado un intenso dolor de cabeza. He ido a la cocina dispuesta a fregar los platos y para mi sorpresa me he encontrado con algo que en su día fue una scotch brite, pero que ahora no serviría ni para entretener a mi gata... Ya no queda nada que destrozar...

Mi madre, que tiene repuestos de todo aquello consumible (es decir, no tiene una cama de repuesto por si un día se rompe, pero de todo lo demás sí, previsora que es ella) no tenía repuesto de estropajo, y yo no estaba dispuesta a dejarme los brazos intentando rascar comida reseca de los platos con aquella cosa parecida a una esponja de lufa. Hoy es fiesta (no sé si sólo en la CAM o en toda España, por lo que a mi respecta me importa un pimiento, sólo sé que no tenía que trabajar, punto) y mañana domingo y de agosto, por lo que encontrar un estropajo este fin de semana significa tener que recurrir a establecimientos 24h que te asaltan navaja en mano para quedarse con uno de tus riñones. Como habéis adivinado los platos sucios ahí siguen, creando vida.

Autobuses y autobuseros

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Desde hace poco más de un mes trabajo en un centro comercial de una de esas ciudades adosadas a Madrid capital. Para llegar allí tengo que coger un autobús, cosa que odio por diversas razones: las frecuencias son terribles (media hora en días laborables y 50 minutazos en fin de semana) y se ven afectados por el tráfico. Aunque cuando lo suelo coger va por Bus-Vao (un carril exclusivo para autobuses y coches de más de dos ocupantes) sigo teniendo tirria a este tipo de transporte. La mayoría de autobuseros de todas las líneas que he tenido que coger a lo largo de mi vida han resultado ser unos cafres al volante y encima bordes. Que sí, también me he topado con conductores muy amables que no han pisado el acelerador al verme correr hacia la parada y algunos que han contestado al saludo, pero son los menos.

Por lo general los conductores de autobús olvidan que van al volante de un vehículo bastante largo y no de un cuatro por cuatro. No frenan en los vadenes (total, el bus no es suyo, que se joda la suspensión) y van más deprisa de lo que deberían, provocando pequeños frenazos y acelerones en función de lo que haga el coche de delante. Ir en autobús suele parecerse a montarse en una atracción de feria pero sin la diversión. Ahora en verano además hay que aguantar el exceso de refrigeración con el aire acondicionado a tope, seamos 2 o 50 los pasajeros. Tengo que llevar una chaqueta en el bolso sólo para no coger una pulmonía por viajar en bus.

En defintiva, que a veces entran ganas de hipotecarse y tener coche, porque ser usuario del transporte público en Madrid hace que aumenten las ganas de matar, como a Homer.