Posponiendo lo inevitable

Es decir, dejar de fumar. Llevo desde que subió el tabaco pensando en ello. Y no por el hecho en sí de que me cueste más cada cigarrillo, si no porque prácticamente tuve un ataque de pánico cuando me di cuenta de la noticia mientras sacaba un paquete de la máquina. Unos días más tarde caí en la cuenta de lo patético de todo aquello. Mi vida se centraba en esos cilindros inflamables que me costaban una barbaridad y encima no hacían nada más que joderme el organismo poco a poco. Acabo de cumplir 22 años hace poco y llevo fumando desde los 17, es decir, cinco años (otra cosa de la que no me había dado cuenta hasta que decidí dejarlo, lo rápido que pasa el tiempo) y ya noto los achaques que me provoca. Me levanto por las mañanas con tos de camionero y lo primero que hago no es encenderme un cigarrillo, pero no porque no piense en ello, si no porque las flemas acumuladas durante la noche serían una barrera infranqueable para el humo. Por ello primero voy al baño, luego desayuno, y después, cuando mi garganta se ha relajado un poco, fumo. Si te paras a pensar en las motivaciones para llevar a cabo este ritual absurdo es fácil echarse a llorar. De hecho, yo lo he hecho un par de veces desde que pensé en dejarlo. Un compañero de clase había dejado de fumar con un libro muy conocido de autoayuda (Es fácil dejar de fumar si sabes cómo) y dos días más tarde después de la última subida de precio, decidí leérmelo. En la librería estaba agotado, pero gracias a San Google bendito, lo encontré para descargar en pdf. Me lo leí enterito en una noche, esperando mágicamente dejar de fumar. Aquello no ocurrió claro esta, porque la ansiedad me impedía entender mis razones para dejarlo. Repito que el precio no es el motivo real, aunque si un incentivo muy fuerte, en mi deseo de dejarlo. Realmente es una necesidad, porque he llegado a un punto en el que he dejado que controle mi vida, en el que he pasado a ser un cigarrillo andante, una persona que es incapaz de hacer frente a cualquier situación sin un cigarro en la mano.

Desde hace más o menos semana y media llevo dándole vueltas al tema con mayor intensidad. Seguramente se deba a que terminé los exámenes (por cierto aprobé también la otra, sobresaliente) y no tenga nada mejor que hacer hasta que empiecen las clases. También he notado que cada vez me saben peor, y que pienso menos en ellos. Antes, después de equis situaciones "necesitaba" encender un cigarrillo a toda costa, últimamente se me olvida y me doy cuenta después... "Anda, no he necesitado fumar después de comer porque me he quedado embobada en el sofá viendo la tele" o "Anda, han tardado una eternidad en servirme la comida pero no me he impacientado encendiendo un cigarrillo". Esto es fruto de que el libro ha hecho mella en mí en cierto modo, pero en el aspecto más importante, es decir, el de tomar la decisión de dejarlo definitivamente, no.

Ocurre lo siguiente, el libro te da unas pautas que hay que seguir a rajatabla, y te advierte de que de no seguirlas probablemente no conseguirás dejarlo. Hay un punto en el que te pregunta si tienes dudas, y en tal caso te recomienda volver a leer el libro. Esta es la cuarta vez que me lo leo, siempre que llego a ese punto, respondo de la misma manera: Sí, tengo dudas. Tengo dudas de no ser lo suficientemente fuerte y caer de nuevo, ya sea dentro de 3 días o dentro de 3 años, pero tengo muchísimo miedo a ser una persona en constante estado de tensión por la posible recaída. Cada fumador es un mundo, y en mi caso suelo fumar en momentos de aburrimiento o relajación (mientras espero ya sea el autobús o a que me sirvan en un restaurante y en momentos de charla, ya sea telefónica o directa) más que cuando estoy estresada (que también fumo, pero considerablemente menos). Por ese motivo, me estresa mucho pensar en dejarlo pensando en que me volveré loca la próxima vez que un autobús se retrase 20 minutos o tomando algo con los amigos cuando las tapas y la bebida se acaben.

Ante esas expectativas el libro te dice que no pierdes nada por intentarlo, lo cual es cierto al noventa y nueve por ciento, excepto por la autoestima que pierdes al fracasar (si esto ocurre claro). Soy una persona muy orgullosa en ese sentido, me fastidia enormemente no ser capaz de conseguir algo que me he propuesto. Por eso suelo ser bastante cobarde en cuanto a mis aspiraciones, y poner el listón bastante bajo. Aunque últimamente he conseguido poner el listón alto y no fracasar, sigo estando insegura en cuanto a mis capacidades. Supongo que es una etapa necesaria para poder estar seguro, tener dudas y solventarlas. Y tener esa confianza ciega en el éxito es por lo que asegura el autor que es fácil dejarlo. También es que soy una persona incapaz de creer algo al 100%, siempre habrá algo que no sabes, algo que no habrás previsto, algo que no es como creías... No somos omnipotentes, por tanto la seguridad absoluta es algo imposible.

Aún con todo, creo que ha llegado el momento. Me quedan unas páginas para terminar de leer (por cuarta vez eso sí) todos los consejos del libro, y creo que tengo buenas posibilidades de lograrlo. A no ser que haya una hecatombe, o que sea más estúpida de lo que creía, pretendo no volver a fumar. He decidido escribir este texto para poder releerlo en un momento de debilidad, o para recordar orgullosa dentro de un tiempo que lo he conseguido, o simplemente porque quizás el último paso que me quedaba era plasmar mis temores y que no quedasen relegados a retazos en mi mente. En el fondo el libro es un lavado de cerebro en el otro sentido, puede que por eso siga teniendo tantas dudas acerca de la veracidad de sus afirmaciones; pero si resulta efectivo, bienvenido sea el lavado.

En resumidas cuentas, nunca debí empezar a fumar, así que para remediarlo habrá que echarle ovarios y dejarlo, y no permitir que el miedo o el aburrimiento me hagan olvidar que fumar no me aporta nada más que sufrimiento, y que contra el tedio mejor leer un libro que destrozar mi salud.

Vamos a ello.

Edito: Ya está, me he fumado mi último cigarrillo. De modo consciente, centrándome en las sensaciones de cada calada, tal y como dice el libro. Se me ha hecho eterno, y todas y cada una de ellas han sido repugnantes.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada