Autobuses y autobuseros

Desde hace poco más de un mes trabajo en un centro comercial de una de esas ciudades adosadas a Madrid capital. Para llegar allí tengo que coger un autobús, cosa que odio por diversas razones: las frecuencias son terribles (media hora en días laborables y 50 minutazos en fin de semana) y se ven afectados por el tráfico. Aunque cuando lo suelo coger va por Bus-Vao (un carril exclusivo para autobuses y coches de más de dos ocupantes) sigo teniendo tirria a este tipo de transporte. La mayoría de autobuseros de todas las líneas que he tenido que coger a lo largo de mi vida han resultado ser unos cafres al volante y encima bordes. Que sí, también me he topado con conductores muy amables que no han pisado el acelerador al verme correr hacia la parada y algunos que han contestado al saludo, pero son los menos.

Por lo general los conductores de autobús olvidan que van al volante de un vehículo bastante largo y no de un cuatro por cuatro. No frenan en los vadenes (total, el bus no es suyo, que se joda la suspensión) y van más deprisa de lo que deberían, provocando pequeños frenazos y acelerones en función de lo que haga el coche de delante. Ir en autobús suele parecerse a montarse en una atracción de feria pero sin la diversión. Ahora en verano además hay que aguantar el exceso de refrigeración con el aire acondicionado a tope, seamos 2 o 50 los pasajeros. Tengo que llevar una chaqueta en el bolso sólo para no coger una pulmonía por viajar en bus.

En defintiva, que a veces entran ganas de hipotecarse y tener coche, porque ser usuario del transporte público en Madrid hace que aumenten las ganas de matar, como a Homer.


0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada